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  • Jazmín Aravena

¿POR QUÉ EL AÑO ESCOLAR 2021 NO PUEDE SER IGUAL AL DEL AÑO PASADO?

¿QUÉ HEMOS APRENDIDO DEL CORONAVIRUS?


No hay dudas que la llegada del coronavirus y la posterior pandemia desatada el año recién pasado han trastocado la vida de cada habitante del planeta. Sin embargo, uno de los grupos más afectados y poco visibilizados de esta gran catástrofe han sido los niños.


La enfermedad producida por el SARS-CoV-2, el COVID-19, ha provocado una emergencia sanitaria que puede resultar catastrófica para los adultos de avanzada edad y personas con comorbilidades (obesidad, diabetes, etc.), pero no es así para los niños. Para la mayoría de los niños, el COVID-19 es una enfermedad asintomática y con un riesgo de mortalidad comparable al de la influenza [1] u otras enfermedades respiratorias anuales. Es por esto que vale la pena analizar lo que hemos aprendido en este último año de pandemia, desde el punto de vista científico, de modo de que podamos tomar las mejores medidas en beneficio de la población en general y no sólo de un grupo específico.


Estudios realizados en Europa muestran que el cierre de escuelas por 8 semanas en Holanda produjo una pérdida equivalente al 20% de las clases de años previos. Los efectos llegaron incluso a la pérdida del 60% de los avances de un año en los casos de los alumnos de familias más vulnerables. Los resultados de dicho estudio muestran un efecto acumulativo más que transitorio en la pérdida de aprendizajes. Además, se indica que los estudiantes tuvieron un progreso pequeño a nulo en sus aprendizajes con educación en casa [2]. Se puede inferir luego que, en países con sistemas educativos más débiles y con cierres más prolongados, como es el caso de Chile y Latinoamérica en general [3], los efectos de la suspensión, por casi un año, fueron mayores, más aun considerando la menor conectividad para asistir a clases remotas en nuestros países.



Figura 1. Status de cierre de escuelas por región, en número de días. Fuente: UNICEF.


En Chile, un estudio del Centro Justicia Educacional muestra que el confinamiento, producto de la pandemia, ha provocado un aumento significativo de problemas emocionales en niños desde prekinder hasta 4to básico, tales como: ansiedad, somatización, depresión, problemas conductuales, sociales y atencionales [4]. El prolongado aislamiento, producto de las cuarentenas, provocó que aproximadamente un 21% de los niños evolucionaran de no presentar síntomas a tener al menos un síntoma de deterioro de salud mental, durante la cuarentena [5]. La compleja implementación de clases a distancia, particularmente en niños de edad preescolar, ha generado un impacto en salud mental y aprendizajes que podría demorar décadas en comprenderse. Por ahora es claro que el efecto del cierre de escuelas, producto de la pandemia y cuarentenas aplicadas, ha producido brechas de aprendizaje en casi todas las áreas evaluadas: rezagos importantes y significativos en vocabulario, desarrollo general y socioemocional5; con sus consecuentes efectos de largo plazo.


¿Qué nos ha enseñado la ciencia sobre el coronavirus?

El riesgo de morir de una persona de 85 años es 7.500 veces mayor que el de un niño de 10 años [6]. Tal como se muestra en la Tabla 1, el riesgo que supone esta enfermedad no es igual para niños y adultos, y el daño que puede causar el COVID-19 en niños sería comparable con el de la influenza.



Tabla 1. Tasa de mortalidad del COVID-19 según rango edad. Fuente: Levin et al. (Oct. 2020)

Edad Tasa de Mortalidad Cuántas veces mayor10 años 0,002% 1 (referencia con niños)25 años 0,01% 555 años 0,4% 20065 años 1,4% 70075 años 4,6% 230085 años 15% 7500


No obstante, esta enorme diferencia de riesgo, hasta ahora las medidas sanitarias han sido particularmente rígidas con los niños. Y es por ello que en este punto de la pandemia es importante balancear de mejor manera los riesgos y daños de medidas sanitarias impuestas. Particularmente, el cierre de escuelas tiene asociado considerables daños en niños tales como: problemas de salud tanto física como mental, disminución en la detección de casos de abuso (algunas ONG han reportado un aumentado del 42% en casos de maltratos a menores, particularmente en el rango 0 a 14 años [7]), limitación de acceso a la educación de niños con necesidades educativas especiales, limitación de acceso a programas de alimentación y apoyo, etc.


Se ha encontrado que los niños son menos proclives a adquirir el virus, aproximadamente la mitad que un adulto de su familia [5, 8, 9], con la misma exposición; además, los cultivos de hisopado de niños que dieron positivo para el SARS-CoV-2 tenían menos probabilidades de reproducir virus en cultivos y tenían menos concentración viral que las muestras de los adultos [10]. La positividad de las muestras de los niños menores de 10 años fue significativamente menor que la de los niños entre 11 y 17 años. Estos resultados sugieren que los niños no son vectores principales de contagio en la transmisión del coronavirus [11], una de las principales preocupaciones de los padres, durante el 2020, al considerar enviar a sus hijos al colegio.


Estudios realizados en Suecia durante el período 1 de Marzo del 2020 al 30 de Junio de 2020, en escuelas donde se realizaron clases presenciales, sin uso de mascarilla ni distanciamiento durante la jornada escolar, mostraron una baja incidencia de casos severos de COVID-19 entre los niños del colegio y pre-escolar. De 1,95 millones de niños, entre 1 y 16 años, que asistieron a clases, 15 niños tuvieron que ser hospitalizados, lo que equivale a 1 niño cada aproximadamente 130.000 (esto incluye casos de síndrome inflamatorio) y no hubo decesos entre los estudiantes por esta causa [12].


Estudios en Estados Unidos estiman que el riesgo de complicaciones y muerte es bajo para niños, 1 caso entre 1.000.000 para niños entre 5 y 14 años, y 9,9 entre 1.000.000 para jóvenes entre 15 y 24 años, respectivamente. Si ponemos estas cifras en contexto, para un niño del rango menor de edad (5 a 14 años), el riesgo de morir en un accidente automovilístico es 15 veces mayor que de morir de coronavirus, mientras que, en el caso de los jóvenes, es 10 veces mayor el riesgo de suicidio que el de fatalidad por COVID-19 [13] (ver Tabla 2).



Tabla 2. Tasas edad-específicas de mortalidad (por millón) a causa del COVID-19 y otras causas de muerte.



Fuente: JAMA. 2021;325(2):123-124. doi:10.1001/jama.2020.24865


Al contrario de lo que ocurre con otros virus respiratorios, donde la infección y transmisión en niños a menudo presagian el nivel de transmisión comunitaria, los hallazgos de los estudios antes mencionados muestran la limitada capacidad de propagación del coronavirus SARS-CoV-2 de niños menores de 10 años.


Es importante recalcar que, si los niños son menos capaces de transmitir el virus, entonces salacunas, clases presenciales y actividades extraacadémicas pueden ser llevadas a cabo de manera segura con las apropiadas medidas de precaución, con bajo riesgo de contagio desde los estudiantes hacia sus cuidadores, educadores y asistentes de la educación [5].

Considerando los impactos negativos que tiene mantener aislados a los niños dentro de sus hogares, con aislamientos prolongados, debemos pensar en las maneras de utilizar los conocimientos adquiridos durante este año para tomar mejores medidas de salud pública. Se requieren medidas que minimicen los daños producto de la pandemia a todos los niveles de la sociedad y no sólo de un grupo particular como es el de los adultos o de una sola enfermedad en particular. Es claro que, hasta el momento, se han privilegiado los intereses de adultos por sobre el bienestar de los niños, particularmente al cerrar las escuelas.


Protocolos relativamente sencillos como el uso de mascarillas, lavado de manos, ventilación adecuada y distanciamiento, reducen significativamente las oportunidades de propagación del virus, incluso sin vacunas disponibles. Precauciones adicionales como la vacunación de educadores y asistentes de la educación, reducción de grupos en aulas a no más de 20 niños (ya sea con jornadas dobles o modalidad dual presencial/telemática), cuarentenas de estudiantes con síntomas (o de alumnos con familiar directo con síntomas, porque es importante que los padres también seamos responsables y estemos atentos a los síntomas dentro de nuestro núcleo familiar), distanciamiento entre alumnos de 1 m (de acuerdo a última recomendación del CDC de Estados Unidos [14]), pueden ser llevadas a cabo en la mayoría de los establecimientos, teniendo en consideración sus particularidades.


En países en los que se han reabierto escuelas los estudios muestran que es muy poco probable la transmisión del virus desde estudiantes hacia profesores. El CDC Europeo no encontró asociación entre el funcionamiento de escuelas y la aceleración de las tasas de transmisión del virus [15]. Estudios en Estados Unidos muestran que es 20 veces más probable contagiarse de coronavirus a nivel comunitario que por asistencia a clases presenciales [9,16].


Los estudios internacionales muestran que, la apertura de escuelas produjo sólo un leve aumento de los casos de COVID-19 (~3%). Mientras que se muestra que celebraciones de cumpleaños y reuniones sociales pueden aumentar la transmisión del virus en ~30% [17].

La menor tasa de transmisión en escuelas (un orden de magnitud menor que a nivel comunitario) se puede explicar por la implementación de protocolos y también debido a que los estudiantes y staff enfermos suelen no asistir a la escuela cuando presentan síntomas.

El National Bureau of Economic Research estimó el riesgo que asume un profesor por dar clases presenciales. Un profesor en el rango de edad 44 a 65 años asume un riesgo (tanto para él como su familia, que puede incluir ancianos) equivalente a manejar 25 km solo en un automóvil. En el caso de profesores jóvenes, en el rango entre 25 y 44 años, el riesgo equivale a conducir 8 km. Considerando que en Chile la campaña de vacunación privilegió a cuidadores, educadores y asistentes, este riesgo es incluso menor [10].


Si queremos ir un poco más allá, considerando que la campaña de vacunación de adultos avanza a paso acelerado en nuestro país, con el personal de la educación vacunado, no podemos esperar a que se tengan vacunas seguras para niños para retomar las clases presenciales. Los resultados de ensayos de vacunas en niños de hasta 12 años no estarán disponibles antes de finales de 2021. Si estos resultados son seguros recién se podrían extender los ensayos en niños menores de hasta 9 años, resultados que no estarán antes de 2022 [18]. Los niños no pueden esperar 3 años para retomar las clases presenciales en sus colegios.


La evidencia científica no permite justificar el prolongado cierre de escuelas, particularmente si los adultos deciden no vacunarse. El beneficio de la vacunación es mayor en adultos, puesto que el virus es más letal con ellos. Los costos de la pandemia los están pagando los niños y no podemos dejar que sus derechos se sigan vulnerando otro año. No podemos poner la vida de los niños en pausa.


La apertura de escuelas debe ser una prioridad en nuestro país, puesto que ahora se pueden tomar en consideración los riesgos a los que se exponen los niños, los profesores, los padres y la sociedad. La educación es una actividad esencial, las consecuencias del cierre prolongado las sufriremos por varios años por venir… ¡cada día de clases cuenta! Es nuestro deber como padres asegurarnos que no se prive a los niños de sus derechos.

Pongamos a los niños, la infancia y su bienestar en el centro de la discusión.


“No hay una revelación más intensa del alma de una sociedad, que la forma en la que trata a sus niños” Nelson Mandela




REFERENCIAS

[1] Bhattacharya and Kulldorf (Sep. 2020) The Case Against Covid Tests for the Young and Healthy, https://www.wsj.com/articles/the-case-against-covid-tests-for-the-young-and-healthy-1159915172 2

[2] Engzell et al. (Abr. 2021) Learning loss due to school closures during the covid-19 pandemic. Proceedings of the National Academy of Sciences of the United States of America. PNAS 2021 Vol. 118 No. 17 e2022376118 https://doi.org/10.1073/pnas.2022376118

[3] UNICEF (Mar. 2021) COVID19-and-school-closures-report. https://data.unicef.org/resources/one-year-of-covid-19-and-school-closures/

[4]

https://centrojusticiaeducacional.uc.cl/los-efectos-de-la-pandemia-en-el-bienestar-socioemocional -de-escolares-chilenos/

[5] Larraguibel et al (Mar. 2021) Impacto de la Pandemia por COVID -19 en la Salud Mental de Preescolares y Escolares en Chile. Revista Chilena de Psiquiatría y Neurología de la Infancia y la Adolescencia, Vol 32, Nº 1.

[6] Levin et al. (Oct. 2020) Assessing the Age Specificity of Infection Fatality Rates for COVID-19: Systematic Review, Meta-Analysis, and Public Policy Implications. European Journal of Epidemiology https://doi.org/10.1101/2020.07.23.20160895

[7]

https://www.elmostrador.cl/braga/2020/04/13/maltrato-a-menores-aumento-un-42-desde-el-inici o-de-la-cuarentena/

[8] Lee and Raszka (Ago. 2020) COVID-19 Transmission and Children: The Child Is Not to Blame. Pediatrics. DOI: https://doi.org/10.1542/peds.2020-004879

[9] Zhu et al. (Sep. 2020) Respiratory syndrome coronavirus 2 in household transmission clusters. Clinical Infectious Diseases. DOI: 10.1093/cid/ciaa1825

[10] Bullard et al. (Abr. 2021) Infectivity of severe acute respiratory syndrome coronavirus 2 in children compared with adults. Canadian Medical Association Journal. CMAJ 2021. doi: 10.1503/cmaj.210263

[11] Posfay-Barbe et al. (Ago. 2020) COVID-19 in Children and the Dynamics of Infection in Families. Pediatrics. DOI: https://doi.org/10.1542/peds.2020-1576

[12] Ludvigsson et al (Feb. 2021) Open schools, covid-19, and child and teacher morbidity in Sweden. The New England Journal of Medicine, 384;7.

[13] Woolf et al. (Dic. 2020) COVID-19 as the Leading Cause of Death in the United States. Journal of the American Medical Association. JAMA. 2021;325(2):123-124. doi:10.1001/jama.2020.24865

[14]

https://www.cdc.gov/coronavirus/2019-ncov/community/schools-childcare/operation-strategy.ht ml?CDC_AA_refVal=https%3A%2F%2Fwww.cdc.gov%2Fcoronavirus%2F2019-ncov%2Fcommunity% 2Fschools-childcare%2Fschools.html

[15] Honein (Ene. 2021) Data and Policy to Guide Opening Schools Safely to Limit the Spread of SARS-CoV-2 Infection. JAMA. 2021;325(9):823-824. doi:10.1001/jama.2021.0374.

[16] Mulligan (Mar. 2021) The incidence and magnitude of the health costs of in-person schooling during the covid-19 pandemic, National Bureau of Economic Research.

[17] Bravata et al (Abr. 2021) Back to school: the effect of school visits during covid-19, on covid-19 transmission. National Bureau of Economic Research

[18]

https://www.economist.com/science-and-technology/2021/01/23/how-fast-can-vaccination-again st-covid-19-make-a-difference